Las “sorpresas anodinas” de los antropólogos de Intel

Publié le 6 Avril 2005

Los ingenieros abundan en los laboratorios de Intel dedicados a la investigación. Normal. Resulta más difícil, sin embargo, no sorprenderse al aprender que cuentan con un equipo de diez antropólogos. ¿De qué pueden servir tales estudiosos de las culturas y prácticas humanas en una empresa de microprocesadores?

Santa Francisco, California, 03.abr.05

“Nos interesa la gente, lo que cuenta para ella y sus pequeños rituales”, nos declaró Genevieve Bell, miembro del grupo, durante una entrevista en Silicon Valley (los laboratorios están situados cerca de Portland en Oregon).

“En vez de preguntarnos que problema tecnológico hay que resolver, preguntamos lo que la tecnología debería hacer para la gente”, precisa.

Durante dos años, recorrió 19 ciudades de 7 países asiáticos. Compartió con familias, preguntando sobre la importancia de la edad, del sexo, de la concepción del espacio o del tiempo, tratando de distinguir entre las ideas que la gente tiene sobre si misma y la realidad de sus prácticas diarias.

La otra mitad de su trabajo consiste en convencer a los ingenieros. Se transforma entonces en cuentista, en “story teller”. “A la manera de Esopo, contamos fábulas para de-centrar la percepción del mundo de quienes nos escuchan. Tienen que transmitir la dignidad de la vida de los otros a un auditorio que tiende a creer que todos quisieran ser americanos.”

El éxito depende en buena medida del manejo de lo que Bell califica de “sorpresas anodinas”. Su observación, por ejemplo, que los musulmanes de Malasia interrogan a sus celulares para encontrar la dirección de la Meca cuando llega la hora de rezar y están lejos de casa. “Es sencillo y provocador frente a las concepciones occidentales de la tecnología y de la modernidad.”

En igual sentido Bell menciona los problemas que surgen cuando se usan en los departamentos de 50 metros cuadrados de Singapur puntos de acceso WiFi diseñados en EEUU para casas de 250 metros cuadrados. Ciertas personas están convencidas que las impresoras inalámbricas son poseídas por los espíritus cuando empiezan a imprimir documentos aparentemente por cuenta propia pero en realidad enviados por el ruteador demasiado poderoso de algún vecino.

Todos esos aparatos “son tanto objetos culturales como tecnológicos. Tienen multiples significados”, estima Bell. Significados que varian según los lugares.

En occidente la identidad se centra alrededor del individuo. En otras partes pasa a menudo por el clan, la familia o la aldea. Lo cual explica tal vez el por que en ciertos hogares todos los miembros utilizan de manera indistinta cualquiera de los teléfonos de la familia,, buscando por lo general el aparato cuyas baterías están más cargadas.

¿Puede acaso su trabajo contribuir a modificar la manera en la cual los norteamericanos utilizan la tecnología? Vacila: “No podemos transformarlos pero podemos abrir sus horizontes. La antropología es un juego de espejos”.

Salida en pos de una hipotética “clase media global” blanco ideal para los productos de Intel y la Silicon Valley, esta australiana, doctora en antropología de la Universidad de Stanford, piensa hoy que el teléfono celular “fortalece lo local y hasta el hogar”.

« Las diásporas han cambiado » estima. Practican el SMS (cortos mensajes escritos sobre un celular), de una parte del planeta a otra. Bell cuenta la historia de una india de sesenta años quien redacta sus textos sobre papel antes de transmitirlos a su hijo residente en EEUU, contandole los programas de tele o sobre sus amigos. Resultado: “Me siento más cerca de mi madre” cuenta el hijo. Tan cerca que tuvo que pedirle que dejara de contar los detalles de los platos que estaba preparando para la cena allá en la India, porque se llenaba de nostalgia y se le rompía el corazón.

“Los celulares permiten usos que se aparentan a gestos físicos, casi como tocar” estima Bell. “Reinscriben profundamente las prácticas locales, con personas que se encuentran en otro rincón del planeta pero con las cuales estábamos previamente relacionados”.

El trabajo de Genevieve Bell y de su equipo sobre prácticas culturales permite sugerir usos pero también resistencias no previstas. Cuando se le pregunta si consigue influenciar no solo los ingenieros de su empresa sino tambien las empresas que fabrican dichos aparatos, entonces contesta con un ligero suspiro envuelto en una inmensa sonrisa: “Es bueno tener un oficio difícil.”

 

Retrato de Genevieve Bell http://www.intel.com/technology/techresearch/people/bios/bell_g.htm

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Genevieve Fuentes 25/03/2008 11:40

Genevieve Fuentes

Fuente: Journal of Nursing Scholarship Volume 31(3) Third Quarter 1999

Charo de la Fuente 18/04/2005 15:14

Que alentador saber que se cuenta con lo humano y con el producto cultural de lo humano a pesar de "lo divino" que resulta la tecnología por si misma,aislada de todo lo demás.
Mientras haya macroempresas que "se pongan en el lugar de los demás" (de las demás personas,me refiero),siempre estaremos a salvo de la vorágine de la tecnología.